Alex Clarademont-Díaz, el hijo millennial de la presidenta de los Estados Unidos, es un tesoro para el marketing de la Casa Blanca: atractivo, carismático e inteligente. Lo que nadie sabe es que no soporta al príncipe Henry, el hijo de la reina de Inglaterra. Así que, cuando la prensa sensacionalista se hace con una fotografía que refleja un altercado entre Alex y Henry, las relaciones entre Estados Unidos y el Reino Unido se enfrían.
Ambos países trazan un plan para paliar los daños. Lo que empieza como una falsa amistad, publicada en Instagram, se va transformando en algo más profundo de lo que Alex y Henry podrían haber imaginado.
¿Puede el amor cambiar el mundo?
Opinión personal(sin spoilers)
Casey McQuiston se dio a conocer en el mundo de la literatura romántica allá por 2019 con una historia cuya premisa logró conquistar a millones de lectores de todo el mundo, y no es para menos, pues su popularidad es bien merecida.
Rojo, blanco y sangre azul sigue a Alex, el hijo de la primera mujer presidenta de los Estados Unidos. Él tiene las ideas muy claras y su futuro prácticamente planeado, pero un incidente en una boda real británica lo lleva a tener que fingir una amistad ante las cámaras con el príncipe Henry, por el que siente una verdadera aversión. Sin embargo, lo que en un principio era un acuerdo para evitar un escándalo mediático se complica cuando entre ellos comienzan a surgir sentimientos que los llevan de cabeza a un amor prohibido, que no solo pone en peligro la presidencia de los EE.UU., sino también la imagen de la Casa Real británica.
Casey McQuiston construye una historia bastante entretenida que ha conseguido estar, en gran medida, a la altura de mis expectativas. La novela se puede dividir en dos grandes tramas que se van entremezclando a lo largo de la lectura: la política y la romántica. Si bien ambas tramas son esenciales para el desarrollo de la historia, la primera de ellas puede llegar a hacerse un tanto pesada, pues en varias ocasiones se siente como un discurso sobre los ideales políticos de la autora en vez de un aliciente para fortalecer esa idea de historia de amor prohibida. Además, los capítulos son bastante largos, lo que tampoco favorece el ritmo de lectura.
No obstante, la trama romántica lo compensa todo. No es un enemies to lovers como tal, pues el odio apenas dura unas páginas, pero la dinámica entre Alex y Henry es cautivadora. Sus bromas, su correos electrónicos, sus momentos de intimidad y sus tira y afloja son el material perfecto para dejar con una gran sonrisa al lector. Además, McQuiston tampoco se reprime a la hora de añadir escenas subidas de tono, aunque no tienen una gran carga sexual. Lo único negativo que podría resaltar del romance, y de la novela en sí, es que he echado en falta un doble punto de vista, pues todo el libro está narrado bajo la perspectiva de Alex.




