
Hacía bastante tiempo que no leía a Emily Henry y, por el momento, ninguna de sus historias me ha defraudado. Si bien, aunque pueda parecerlo, no es una novela especialmente innovadora dentro de la comedia romántica, la autora demuestra que no hace falta ser original siempre y cuando los personajes y sus dinámicas estén bien construidos.
Esta historia está protagonizada por Nora Stephens, una agente literaria adicta al trabajo a quien no le va muy bien en el amor. Ella intenta justificar sus relaciones fallidas describiéndose como la novia repelente del personaje canónico de cualquier novela romántica y, por lo tanto, no cree que el amor esté hecho para ella. Cuando Libby, su hermana pequeña, le propone tomarse unas vacaciones en un pequeño pueblo, pero, eso sí, con una lista de objetivos a cumplir, ella acaba aceptando a regañadientes. Lo que no esperaba era toparse allí con Charlie Lastra, un editor con el que tuvo un pequeño rifirrafe en el pasado y que ahora no para de cruzarse en su camino.
Uno de los grandes aciertos de Book Lovers es su protagonista. Su carácter ambicioso, frio y calculador la alejan del prototipo de heroína de comedia románica; de hecho, la propia Emily Henry parece burlarse de ese tópico a través de Nora. Su relación con Charlie está marcada por un constante tira y afloja y una química que se siente natural desde el principio. Además, no puedo dejar de mencionar a Libby, la hermana de la protagonista, cuyo humor y jovialidad la convierten en un personaje secundario verdaderamente encantador.
El romance, por otra parte, se construye con calma, pero a un ritmo constante. Emily Henry dosifica bastante bien la tensión entre Nora y Charlie, creando una burbuja alrededor del lector que cuando explota ya es demasiado tarde para despegarse de las páginas. Su dinámica se siente creíble y natural, ambos se ayudan a sanar y a descubrir cosas del otro que no daban por hecho. Es, en resumidas cuentas, un romance adulto que no deja indiferente.




